Zonas de recreación Featured

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Published in Opinion del director
Un gobierno inteligente, en estas épocas de tensión, estrés y violencia, invertiría en crear zonas de recreación, diversión y cultura, como válvula de escape o desahogo para comunidades que cada vez se sienten más acorraladas, y que ante cualquier detonante reaccionan no siempre de la mejor manera.
En Coronado, hace muchas décadas, ir a caminar y bañarse en las pozas de río Macho, o ir los bailarines, a salones como el Marabú y el Uruguay, ya desaparecidos, o ir a mejenguear a la Plaza Vargas u otras canchas que eran abiertas, o sencillamente ir a sentarse al parque, pero en un pueblo que todavía no tenía muchos habitantes, ni muchos automóviles, eran formas de recreación, repito, en una comunidad y circunstancias muy diferentes a las de ahora.

Hoy en día ¿a quién se le ocurre por ejemplo una cancha abierta al público? “La destrozarían”, “la harían inútil” es la excusa oficial; pero ¿inútil para quién?, si una cancha como esta sería solo para mejengueros, para llevar los niños a patear la bola, o a las chicas a hacer retos, ahora que está tan de moda el fútbol femenino. Sería invertir para aquellos que no están en un equipo organizado que alquila las canchas todos los domingos; eso, sencillamente eso.

Igual, una cancha pública de básquet que podría servir también para el voleibol; señores, ¿por qué existe la Sabana y por qué la gente llega ahí todos los fines de semana? El mantenimiento de esas infraestructuras sería parte de lo que un gobierno nacional o local le devuelve al pueblo, para que lo utilice el pueblo y se divierta, recree y haga deporte, el pueblo. No sería un gasto, sino una inversión en salud mental y física. Ahora nada es público, ahora todo es privado.

Coronado, en este sentido, podría ser un privilegiado porque tiene la Plaza Vargas, un enorme campo para hacer volar la imaginación y que en la realidad podría darle al pueblo, a nuestros niños, jóvenes, adultos y adultos mayores, la oportunidad de no vivir prisioneros en sus hogares. El problema es que pertenece al INVU, una institución que en 50 años no ha hecho nada con esas tierras, y que dizque las tiene destinadas para meter 500 prisiones, digo viviendas, más en nuestro cantón.

Por otra parte, en el ámbito privado, hace falta inversionistas que pongan su dinero a trabajar en crear un salón de patines, salones de baile, para los que gustan y saben y disfrutan de eso; salones con futbolines, tenis de mesa, billar, en el concepto abierto para toda la familia; falta que alguien con inteligencia ponga una de esas fincas de la zona Alta para que los fines de semana las familias lleguen a caminar por senderos, a visitar un río, a ver cómo se ordeña, a montar a caballo; ya incluso se puede ir a Monserrat, al proyecto de Margherita Botazzi, que hasta el transporte pone para llevar a la gente a esa hermosísima zona coronadeña, insertada en el corazón de la montaña.

Hace falta todo eso y más. Si nuestros impuestos se tradujeran en ratitos de paz, de salud mental, de sana recreación, a todos nos molestaría menos pagarlos.

 

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