¿De qué estamos hechos? Featured

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Published in Opinion del director

Soportar esta crisis y luego superar la post-crisis es una verdadera prueba para saber ¿de qué estamos hechos?


No es fácil estar inactivo en la casa sobre todo si sabes que ya no tienes empleo, te rebajaron el salario, no estás generando ingresos y dependes de la liquidez que tengas. Es diferente si te siguen depositando un salario cada semana, quincena o mes, porque el equilibrio se mantiene y así puedes preocuparte de lleno en el no contagio. No obstante, al otro lado la pregunta es ¿hasta dónde me alcanzará la cuerda?
Pagos de servicios, impuestos, préstamos, tarjetas de crédito se acumulan bajo el mandato de ¡quédate en casa!, salva tu vida o la de tus seres queridos con factores de riesgo, y al final veremos qué pasa.
Aceptar ese “veremos qué pasa” requiere una de tres cosas: una Fe enorme en ti mismo, una Fe enorme en Dios, o una Fe enorme en ti mismo y en Dios. Me quedo con la tercera, la de a Dios rogando y con el mazo dando. No obstante, por las circunstancias hay que quedarse en casa, pero eso sí, a la espera de que las personas que toman decisiones estén realmente allanando el camino hacia un retorno lo menos difícil posible para la mayoría.
Lo que sí está claro es que después de esto el país quedará dividido en dos: los que retornarán a su vida normal y a su sueldo normal y los que quedarán en modo sobrevivencia, esperando que las medidas que se tomen les ayuden a mantenerse a flote hasta alcanzar un punto de salvación, equilibrio y retorno a la “tranquilidad”.
A todo ese sector de retorno a la vida normal, de salario normal solo le pido que esta noche, antes de dormirse, en la oscuridad de su cuarto piensen por un momento que no tienen nada de lo que realmente tienen, siéntanse por unos segundos sin empleo, sin ingreso, con bocas que alimentar, deudas que pagar y la alacena vacía, con la amenaza sobre su cabeza de las acciones de sus acreedores, siéntanse caminando por un oscuro túnel en el que no divisas la luz que te indique el final.
Es en este contexto que pregunto: ¿Es tan difícil ser solidario? Miles de miles de personas desearíamos ser sujetos de un impuesto solidario y decir sí doy mi aporte ¿y saben por que´? Porque eso significaría que ganamos millones y, ojo al juego de palabras, millones no ganamos millones.
¿Es posible que un pensionado de lujo no esté dispuesto a colaborar con quienes le están tratando de salvar la vida?
Por supuesto que el gobierno tiene que implementar medidas inteligentes, viables y justas en que el soporte de los que menos tienen venga del lado de los que más tienen, y en este país hay muchos grandes empresarios que nadan en dinero. ¡Cuánto servirían en estos casos los miles de miles de millones que se desperdician en un proceso electoral que siempre es más de lo mismo y que más de uno aprovecha para robar y enriquecerse!
También es el momento que todo ese dinero que se le ha quitado al narcotráfico, en vez de durar 20 años en los bancos, mientras un juzgado decide qué hacer, se aplique a la emergencia, porque es eso, una emergencia y no nacional sino mundial.
Termino aceptando que me llamen soñador o iluso por pensar de esta forma, y tienen razón, porque muchos ticos están demostrando que ni siquiera pueden donar un poco de voluntad para quedarse en casa aceptando de esta forma, con despreocupación evidente, el porcentaje de responsabilidad por las muertes que han de venir.
¿De qué estamos hechos? Véase al espejo y respóndase usted mismo.

 

de qué estamos hechos 2

 

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walter mora

kharpa

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