Carolina Blanco Vargas

Carolina Blanco Vargas

05
Julio

Entendemos como concepto de inteligencia emocional aquella habilidad que tienen las personas para sentir, entender, expresar, controlar y modificar sentimientos y emociones, tanto personales como de otras personas. Esta inteligencia incluye motivación, perseverancia, empatía y adaptación. Gran parte de las decisiones de nuestra vida diaria son influenciadas por las emociones, aunque no nos demos cuenta.

Dentro de la inteligencia emocional la persona posee un conocimiento emocional de sus sentimientos y emociones, reconociendo la influencia que tiene su estado anímico en su comportamiento. También se evidencia un autocontrol, es decir, una actitud donde podemos analizar las emociones y no dejarnos llevar por ellas de forma ciega y que nos lastime.

22
Marzo

Los valores son parte de la identidad de todo ser humano, son una guía del comportamiento cotidiano. Según el patrón de crianza que tenga cada persona, así se va creando una escala de valores que se ponen en práctica de acuerdo con la decisión personal, cuando somos más conscientes de las actitudes y de la manera en cómo enfrentamos las situaciones de la vida.

Cuando cada uno de nosotros actúa por los valores lo hacemos por conviccción y la creencia que tengamos, aun si otras personas piensan diferente, o no están de acuerdo con nuestro punto de vista.

De acuerdo con la importancia que tenga en nuestra vida cada persona o actividad realizada, así será el valor que le pondremos en la escala personal, es decir, si para mí es más importante la opinión de los demás y no mi satisfacción, le daré un valor más significativo a lo que expresen las otras personas, y así será con muchos ejemplos; la diferencia la marcará la coherencia que tenga entre lo que digo y hago poniendo como primer criterio mis valores.

Si realizamos una lista de los valores existentes, sería muy amplia; sin embargo, es importante mencionar algunos como referencia, ya que son la base para poder relacionarnos en los distintos ambientes, y también, nos hace refrescar los que necesitamos tener presentes en el diario vivir, a pesar de ser criticados por otros.

Tenemos la honestidad, es decir, somos auténticos y coherentes, no mostramos diferentes caras, sino que se respeta la verdad, sea o no agradable para otros.

La responsabilidad que implica que asumimos las obligaciones que tengamos, poniendo cuidado a las decisiones y posibles consecuencias sin dejar que otros asuman nuestros errores o funciones específicas.

La sinceridad que tiene relación con la expresión libre sin tener que fingir lo que no somos, teniendo cuidado en no perjudicar a los demás; la sinceridad va construyendo la confianza, pues es un instrumento importante para mostrar a otros la franqueza y transparecia que tenemos.

A muchos se nos dificulta poner en práctica lo que conocemos como tolerancia. Este valor se basa en aceptar con madurez y voluntad las opiniones de los otros, a pesar de que son distintas a las nuestras, no descalificamos ni somos indiferentes.

La comunicación, el respeto y el compañerismo van de la mano, y se tornan indispensables para poner en práctica otros valores, que son igual de necesarios para la convivencia personal y con las otras personas.

El no etiquetar, no suponer, el no tener prejuicios, entre otros, son parte del respecto y compañerismo, además el no aplicar esas situaciones groseras, permite que la comunicación se base en principios y no en hipótesis.

Existen otros valores, por ejemplo, el compañerismo, el aprendizaje, la solidaridad, la superación, que son igualmente significativos en nuestras vidas, y que deben ponerse en práctica hasta donde sea posible en nuestras actitudes diarias; sin embargo, cada uno de nosotros es quien decide la actitud y la manera de comportarse frente a las personas, las oportunidades, las dificultades o las responsabilidades, decidimos si asumimos o evadimos, siempre y cuando intentemos tener un vínculo armonioso con quienes tengamos al lado, y realicemos un esfuerzo por sentirnos plenos asumiendo el compromiso y analizando la pregunta: ¿Cuáles valores pongo en práctica para ser cada día una mejor persona? Será que necesito replantearme algunas ideas, proyectos o decisiones, o por el contrario, estoy estable con lo que siento, pienso y actúo.

 

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Licda. Carolina Blanco Vargas

Psicóloga. Para consultas: 8846-7110

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12
Febrero

Cuando mencionamos la palabra histeria probablemente se nos venga a la mente imaginar a una persona gritando, perdiendo el manejo de sus impulsos y capacidad de razonamiento, como dicen otros “alguien como volcán explotando y echando chispas”. Pero será que un ser humano con histeria es precisamente eso, y está tan acostumbrado que ya vive con ese patrón de comportamiento. Veamos algunos detalles importantes.

La histeria puede tener varias definiciones o connotaciones, por ejemplo puede catalogarse como un estado de ánimo que altera a la persona llegando a un nivel de bloqueo tal, que requiere de unos minutos para retomar la calma ante la situación que provocó esta actitud. También se puede relacionar con un estado de nervios pasajero provocado por factores estresantes, temores, fobias, preocupaciones, como lo puede ser por ejemplo que un ser humano sea sometido a enfrentar una fobia (temor a las alturas o un animal particular), esto puede provocar un momento traumático generando que la persona se altere, se sofoque, grite, incluso se desmaye por no soportar el evento.

Por otro lado, tenemos la histeria que busca manipular a los demás con el objetivo de convertirse en víctima creando falsas expectativas en su entorno, y así obtener lo que desea sin importar el dolor causado, más aun cuando se ven amenazados por errores cometidos y que deben asumir consecuencias al respecto.

En algún momento de la vida, hemos tenido cerca a una persona histérica a la que llamamos dramática, y puede ser que efectivamente sea exagerada y no requiera de nuestra atención, pero también se dan casos donde ese amigo, compañero o familiar, tiene un problema fuerte que va más allá de un ataque de histeria o de un drama para llamar la atención.

Para entender un poco más la histeria analizada no como un drama, sino como un problema, es esencial tener claridad de algunos inconvenientes que se presentan en la salud de la persona; entre ellos están: la pérdida de memoria, problemas al respirar, dolor muscular y de articulaciones, molestias de cabeza, en ocasiones incapacidad para caminar, ataques de pánico, mareos, vómitos o diarrea, problemas digestivos, alteraciones visuales, fatiga, entre otros; así también a nivel emocional se presenta depresión, estrés, reír o llorar sin motivos, ansiedad y/o preocupaciones.

No se tiene claridad de que sea un solo factor el que influya en la aparición de la histeria, pero se asocia con el estrés, las situaciones emocionales extremas, las experiencias traumáticas, la depresión, los miedos, fobias y preocupaciones fuertes, la falta de aceptación, ansiedad, repetición de patrones y otros.

No existen medidas preventivas, o bien curativas, para la problemática de la histeria, pero sí ciertas recomendaciones para considerar en caso de tener algunos comportamientos evidentes y que ayuden en el autocontrol. Dentro de estas tenemos los ejercicios de relajación y meditación, ejercicio físico, hablar con personas de confianza, mantener la mente ocupada, escribir cuando no se tiene el control de algo para desahogarse; en casos muy severos, buscar ayuda de profesionales para que proporcione herramientas más estables, y analice el caso particular, ya que todos son diferentes y las razones que provocan la aparición de la histeria varían entre uno y otro.

Tengamos presente que si la histeria que mostramos es por manipulación, es importante tomar conciencia, madurar, asumir responsabilidades y consecuencias, trabajando las otras áreas débiles. Todo cambio por más pequeño que sea, marca avances y ayuda a ver la vida desde otro punto de vista, a pesar de los problemas que se presenten en el camino.

 

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*Licda. Carolina Blanco Vargas

Psicóloga. Para consultas: 8846-7110

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29
Diciembre

Todos tenemos nuestra autoestima, nuestros proyectos para seguir y una forma de ser particular. Existen personas con una gran humildad y transparencia, que a pesar de ser profesionales, plenos, con grandes trabajos, bienes materiales, y muchísimas características deseables por otros, no dejan de tener su esencia marcada por valores y respeto a los demás. Sin embargo, por otro lado están las personas arrogantes, que tienen una imagen de sí mismos engreída, prepotente, que se sienten superiores a todos y desprecian, humillan y ofenden a quienes tienen a su lado, sin importar si lastiman o violentan los derechos.