Equilibrio mortal Featured

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Published in Opinion del director

A pocos días de cumplirse los seis meses desde que se dio el primer caso de Covid 19 en nuestro país, la incertidumbre sigue reinando en nuestras vidas ante un virus que ha afectado y cambiado al mundo, pero cuyo impacto ha sido diferente para unas y otras personas, y que pone frente a frente dos de los factores más importantes para el ser humano: la salud y la economía. 

Es lamentable ver y oír a gente que se desgasta, a estas alturas, en discutir si esa epidemia es real o una conspiración, una duda que al día que escribo esta nota se posa sobre la realidad de 794.000 mil muertos a nivel mundial, y de los cuales 333 corresponden a nuestro país.

Lo que hay que entender es que esa cantidad de muertos es lo que nos debe importar. Es un hecho que millones de millones se van a infectar y que la gran mayoría luego se van a recuperar sin mayor problema; pero el tema no es ese, el punto está en los que se contagian y van a parar a los hospitales y unidades de cuidados intensivos, y en las personas que se mueren, que son un porcentaje ante los ojos de un matemático, muy bajo, pero que son vidas; seres humanos que pueden ser su padre, madre, hermano, esposo, esposa, hijo…

El drama de este virus, en lo referente a la salud, está en ese grupo de personas de riesgo, alto riesgo y altísimo riesgo, quienes saben que en las circunstancias actuales contraer el virus representa un peligro real de muerte.

A muchos pareciese no importarles el virus, primero porque se consideran entre el grupo de a quienes no les va a pasar nada, y segundo porque pareciese que no tienen o no les importan los familiares y amigos con factores de riesgo que si se infectan podrían morir. El asunto no es si usted le tiene o no miedo al virus, el tema es tener conciencia del daño que nos podríamos hacer o les podríamos hacer a otras personas, si nos infectamos y nos sacamos esa mortal “lotería” que nos podría enviar a la tumba, o peor, a nuestros seres más queridos. No sé, pero debe ser duro saber que infectaste a tu padre o a tu madre y que ellos murieron. Pero debe ser más duro todavía saber que lo hiciste por una conducta irresponsable.

Ahora vamos al otro lado, a lo económico. Ubicarse acá es poner los pies en la tierra, e igualmente esta pandemia ha provocado una crisis que no afecta a todos por igual sino en grados muy diferentes.

Hay comerciantes que han mejorado sus ventas con la pandemia y si no, por lo menos las han mantenido; por otra parte, hay otros que se han visto afectados, muy afectados, y a quienes literalmente esta crisis por el Covid 19 los borró del firmamento comercial. Estos últimos se pueden catalogar como los “lamentables fallecimientos” del sector económico, gente que se arruinó y que de la noche a la mañana se quedó sin negocio y sin nada.

Por otro lado, mientras hay gente que ha seguido recibiendo su salario normalmente y mantienen su trabajo, otros están ante la incertidumbre de la suspensión “temporal” de labores, o el cierre de la empresa en que trabajaban, sin que se les haya reconocido sus prestaciones legales, y otra gran mayoría simplemente fueron despedidos.

El clamor general de empleados y empleadores es el mismo: “que nos dejen trabajar”, porque si hay una cosa que no podemos perder de vista es que antes de que apareciese el Covid 19, ya la situación económica era sumamente difícil; ahora, en las circunstancias actuales de alertas amarillas y naranjas, de cierres y restricciones vehiculares, quien tiene el verdadero color ROJO sobre sus espaldas es el sector comercial, del cual dependen muchos miles de familias que en estos momentos no existen, sino que subsisten.

En medio de esto, está un Gobierno que pretende quedar bien con las dos partes, pero que se queda corto en su accionar y eso lo resiente la población más perjudicada y se refleja en las encuestas.

La gente verdaderamente perjudicada con esta pandemia no pide que le regalen nada, sino que le ayuden a sobrevivir a esta crisis. ¿Quiénes? Quienes dejaron de percibir ingresos con los que pagaban alquileres, préstamos, servicios públicos, compraban la comida y hasta pagaban los impuestos. Los ingresos para muchos desaparecieron, pero lo demás, los pagos, incluidos los impuestos, permanecen y los están asfixiando, convirtiendo este país en una bomba de tiempo que estallará si no se toman medidas inteligentes, reales, factibles, para poder resistir y seguir adelante, mientras se vuelve a una “normalidad” que sabemos de sobra nunca será igual que antes.

Créanlo o no, esta crisis del coronavirus es tan solo el abrir la puerta a una serie de cambios que se vienen a nivel mundial, y de cuyos alcances darán cuenta principalmente las nuevas generaciones. Mientras tanto, queda seguir buscando el punto de equilibrio que permita transcurrir a la economía, pero sin tener que pagar con vidas humanas ese derecho a seguir adelante. Está claro que la solidaridad entre los que más tienen y los que menos tienen, entre los que más pueden y los menos afortunados, entre los que brindan soluciones y las llevan a cabo y los que solo pueden esperar, será un factor primordial para salir avante como sociedad. Es acá donde debe verse en práctica el principio universal cristiano de amor al prójimo, en toda su extensión y significado, porque solamente siendo solidarios podremos salir airosos ante una situación que nos exige esfuerzo, compromiso, pero sobre todo entender que solo si no nos ubicamos en nuestra real afectación podremos entender si estamos del lado de los que deben ayudar, o de los que deben ser ayudados.

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