Adiós y váyase 2020 Featured

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Published in Opinion del director

Por fin se acerca el final del que será tristemente recordado 2020 y aunque no existen fórmulas mágicas para que el 31 de diciembre a las 12 medianoche todo cambie y haya un borrón y cuenta nueva real, por lo menos mentalmente a partir del 1 de enero podremos ilusionarnos en que el 2021 será positivamente diferente, aunque no haya certeza de ello. 

El 2020, con el Covid 19, ha dejado muerte, miseria y ruina  a su paso, sin que todavía haya claridad sobre cuándo va a terminar esta pesadilla. Su impacto en la salud pública y las finanzas mundiales tardará mucho tiempo en recuperarse, incluido nuestro país que ya de por sí venía en caída libre económicamente hablando.

Será un año para el olvido de muchos empresarios, comerciantes, emprendedores, empleados de hoteles, personas ligadas al turismo, etc. Muchos creían tener la vida asegurada y de pronto se vieron en sus casas, sin empleo ni dinero. No todos fueron afectados, para algunos los cambios, más allá del encierro en sus hogares y el teletrabajo, fueron mínimos, pero para un gran sector, primordialmente de escasos recursos, sí fue un golpe bajo y duro.

Otros, más allá de la afectación económica, el golpe fue mucho peor porque vieron partir a uno o más seres queridos, viejos conocidos, amigos o parientes que perdieron su batalla personal contra la covid, causada por un virus que paradójicamente a unos no les hace ni cosquillas, mientras que a otros les quita la vida sin piedad.

Eso sí, creo que el 2020 se despide con la enseñanza histórica de que por más fortaleza que aparenten, el mundo no tiene “monstruos” intocables, porque esta pandemia provocó acciones que jamás imaginé se iban a dar y mucho menos todas a la vez. La mayor parte de aeropuertos en el mundo cerrados y los aviones estancados en tierra, y con ello el derrumbe de la gran industria del turismo mundial; la multimillonaria máquina de hacer dinero del deporte: fútbol, tenis, baloncesto, eventos olímpicos, etc., suspendidos y luego con gradas vacías; los súper conciertos cancelados, las calles vacías, la gente guardada en sus casas, las iglesias cerradas, las actividades de Semana Santa con todas las del Vaticano canceladas…

Los ejemplos son innumerables para demostrar que un mundo que creíamos lleno de “vacas sagradas” cambió su rostro en tan solo pocos días, debido a la pandemia.

Al final de cuentas, al cierre de año todo indica que nuestro mundo, ahora con una llamada “nueva normalidad”, está de vuelta, no porque la covid se haya ido ni porque esté implementada la vacuna, solución que todos esperamos, sino porque pareciese que una gran mayoría se ha acostumbrado a un virus que lo sacará de circulación por 14 días, y sobre todo a la cruel realidad de que un determinado número de personas, acá, en el resto de América, Europa y el mundo, perderán su lucha ante la impotencia médica de poder hacer algo por salvarlos, a falta de una vacuna. Sí, una vacuna ya viene en camino, pero de aquí a que pueda contener este virus, desgraciadamente, mucha gente más en el mundo seguirá muriendo.

Personalmente creo que no hay mucho que celebrar este 31 de diciembre a las 12 medianoche. Aquella cancioncita de “Yo no olvido al año viejo” la deberíamos guardar en esta ocasión, y más bien el mundo debería unirse en un minuto de silencio por los caídos por la covid, y por los que todavía están por caer.

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