09
Octubre

 

Con la pandemia se incrementó lo que muchos pacientes externan como “comer por ansiedad”. Esta situación generó, en la mayoría de los casos, que las personas aumentaran de peso en el último año, pero ¿qué es comer por ansiedad?

La ansiedad es un estado involuntario de alerta de nuestro cuerpo como respuesta a diferentes estímulos, normalmente situaciones estresantes, que pueden ser externos como un trabajo pendiente o un perro que quiere atacarnos, o internos como nuestros pensamientos o preocupaciones por la pandemia, la incertidumbre económica, o la posibilidad de perder a un ser querido.

Por más pequeña, grande, real o irreal que parezca la situación, nuestro cerebro la va a tomar como un estado de alerta y, en su forma primitiva, está esperando salir corriendo o defenderse, ya que es para lo que está diseñado ante dicho estado. De ahí que la ansiedad provoca esa sensación de desasosiego o molestia generalizada. Algunas características de comer con ansiedad son:

  • Tener sentimientos o pensamientos: tristeza, angustia, estrés, preocupación, enojo, aburrimiento, etc.
  • Comer de manera inconsciente (cuando se dio cuenta ya se terminó todo).
  • Comer de manera voraz (mastica poco, no saborea), con prisa y sin mirar.
  • Para hasta que está excesivamente lleno.
  • Puede venir acompañado de arrepentimiento o culpa posterior.
  • Normalmente se consumen alimentos altos en azúcares simples o la mezcla de carbohidratos y grasas, ya que el cuerpo pide energía rápida para estar listo ante cualquier situación. Por ejemplo: chocolates, repostería, galletas, helados y snacks.

Es muy importante que cuando sienta ansiedad se tome un momento para identificar lo que siente y respire profundo. También puede hablar con alguien de confianza o escribir lo que le preocupa. Externar el problema le puede ayudar a buscar una solución. Otras recomendaciones si siente ansiedad son:

  • Distraerse, salir a caminar o hacer algún tipo de ejercicio.
  • Tomar un té o bebida caliente.
  • Tome un vaso grande con agua.
  • Si va a comer trate de incluir proteína y vegetales. Esto hace que quede satisfecho sin incluir alimentos con muchas calorías de azúcar y grasa, que lo harán aumentar de peso. Un ejemplo sería: galletas soda con atún, jamón, queso o huevo.

Además, recuerde que mantener hábitos saludables puede hacer que esos “ataques” de comer por ansiedad sean cada vez menos, y que no lleguen a impactar negativamente su salud. Estos hábitos incluyen:

  • Dormir 8 horas diarias.
  • Realizar actividad física 3 a 5 veces por semana, al menos 30 minutos por día.
  • Mantenerse hidratado, al menos 2 o 3 litros de agua al día.
  • Evitar tener en casa alimentos que come cuando siente ansiedad.
  • Evitar consumir frecuentemente alimentos ultraprocesados: comida rápida, snacks, galletas con relleno o cobertura, helados, golosinas.
  • Coma todos los días suficiente proteína (huevo, carnes, lácteos), carbohidratos complejos (frijoles, garbanzos, papa, elote), fibra (frutas y vegetales) y grasas saludables (semillas, aguacate, aceite de oliva).

Dra Melissa Acuña

Nutricionista

8312-3318 WS

Comer con ansiedad, ¿Cómo solucionarlo? Consejos prácticos

09
Octubre

 Hoy en día, la falta de comunicación genera conflictos que se pueden evitar con solo tener espacios para escuchar a los demás, para compartir criterios y entendernos. Cuando hablamos de escucha activa, nos referimos a la habilidad que tenemos de poner atención a los demás, a ese mensaje que nos comunican cuando buscan la oportunidad de expresarnos lo que piensan y sienten, poniéndonos en el lugar de la otra persona.

Muchos de nosotros oímos lo que nos expresan, pero no escuchamos realmente las palabras de los demás. Tengamos presente que oír es percibir el sonido solamente, pero escuchar va más allá porque implica paciencia, compromiso, respeto, esfuerzo, empatía, disposición, atención, además de tener presente el lenguaje no verbal, ya que este puede decir más de lo que pensamos y lastimar los sentimientos de quien nos está expresando sus ideas y emociones.

Cuando mostramos una escucha activa mantenemos contacto visual con los demás, una sonrisa que transmite motivación e interés por lo que están hablando, una postura de respeto donde no se evidencie distracción, molestia o aburrimiento.

Es importante que, cuando estemos escuchando a otra persona, evitemos juzgar, minimizar lo que nos cuentan, interrumpir a quien nos habla, imponer nuestras ideas, mostrar actitud de aburrimiento, distracción o desinterés, ya que la persona está acercándose por confianza, porque requiere apoyo y necesita hablar.

Si no tenemos la habilidad de escuchar a las personas, pero queremos hacer nuestro esfuerzo para mejorar, busquemos alternativas que nos orienten. Veamos algunos consejos.

  1. Concentrarse en la persona que nos confía una situación, mostrar interés con una actitud receptiva tanto física como emocional, es decir, no estar con el celular, con la computadora, o con otro distractor.
  2. Tener empatía y amor hacia el otro, entender la situación que está pasando.
  3. Manifestar una mente abierta, comprensiva y de respeto hacia esa comunicación, a pesar de que nuestras creencias sean diferentes, ya tendremos tiempo para hacer ver nuestro criterio al respecto, más aun si nos solicitan un consejo o punto de vista.
  4. Ser paciente y esperar el momento adecuado para que podamos hablar y dar nuestro criterio al respecto; es importante no interrumpir, ya que no fluirán las ideas como la persona desea.
  5. Durante la conversación es valioso que reforcemos el diálogo con palabras, frases o gestos que demuestren la atención que ponemos, por ejemplo: “Bien. Excelente. Esto que cuentas debe ser algo muy bueno para ti. Suena interesante, etc.”.
  6. Es básico que resumamos para demostrar que se comprendió lo expresado o bien que se necesitan más aclaraciones al respecto, por ejemplo decir “Lo que entiendo es que…, Es correcto que…, ¿Es verdad esto de…?, Entonces te sentiste…”
  7. Las soluciones se deben analizar, por tanto no ofrecer alternativas a la ligera, basadas en experiencias personales, ya que todos tenemos diferentes herramientas y personalidades. Es bueno llegar a acuerdos en común, consultar los recursos que se tienen y partir de ellos para guiar.
  8. No etiquetar, esto no ayudará a que la persona cambie, sino que generamos más barreras para que se exprese.
  9. Buscar el momento adecuado y el lugar para escuchar al otro; si estamos enojados o frustrados, la comunicación puede ser tensa, incómoda e incluso no afloran las palabras para ayudar, por ello, requerimos de armonía para transmitir confianza y apertura.
  10. Nunca rechazar las emociones de los otros, esto es sumamente importante, todos necesitamos ser escuchados y comprendidos, aun cuando los demás piensen diferente.

 

Licda. Carolina Blanco Vargas

 Psicóloga. Para consultas: 8846-7110

Correo: Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Necesita activar JavaScript para visualizarla.

09
Octubre

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