100 años y contando Featured

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Con buen humor y memoria, doña Luz cumplió un siglo de existencia. 

 

“Para Lucita y Familia pide a Dios Bernardo. San José 24 de diciembre de 1941”; aunque parezca increíble, aquella tarjeta navideña que don Bernardo Carvajal Sequeira le envió a su novia Luz Ávila Alcázar, hace 79 años y contando ella en ese entonces con 21 años de edad, nos la enseñó la misma Lucita, ahora con 100 años cumplidos.

Aquella tarjeta fue un aviso de matrimonio, el cual se concretaría un año después, en diciembre de 1942, y aunque le tocó enviudar joven, ella se siente premiada con la vida que Dios le ha dado y porque le ha permitido llegar a un siglo de existencia.

Güita, como le dice cariñosamente su familia, nació un 27 de setiembre de 1920 en Aserrí, luego vivió en San Pedro de Montes de Oca, donde conoció a don Bernardo, y de este matrimonio nacieron 6 hijos, que luego hicieron crecer la familia con 21 nietos, 18 biznietos y 2 tataranietos.

Don Bernardo trabajaba en construcción y pese a ser josefino laboraba en Coronado e incluso fue de los que intervinieron levantando nuestra bella iglesia, donde precisamente sufrió una caída y se golpeó los pulmones, lo que años después le provocó una temprana muerte. Bernardo y Luz se conocieron por las visitas que hacía ella a unas amigas en la zona de los Yoses. Doña Luz recuerda que junto con unas amigas pasaban frente a la casa de Bernardo, y entonces sus amigas le decían a la mamá del muchacho, “doña Mariana, aquí va su nuera” y ella les contestaba “tráiganmela para ponerla a quebrar un cuartillo de maíz”, y aunque Luz dice que siempre le tuvo mucho miedo, asegura que a la postre doña Mariana resultó ser una magnífica suegra.

A los 45 años de edad, doña Luz quedó viuda y sin embargo, 55 años después todavía recuerda a su marido, cada aniversario, y aquella ocasión en la que él llegó, antes del matrimonio y le dijo: “Lucita me pegué un pedacito de lotería, usted dice, hacemos un fiestón o compramos una casita”, y por supuesto, les hicieron un almuercito tras la boda y luego se fueron para su casita propia, en San Antonio de Coronado, como 100 metros al este de donde ahora se ubica la Casona del Pueblo.

“En realidad fueron años muy duros pero muy lindos, costaba conseguir el agua, no había luz eléctrica, la calle era solo piedras y una subía a tropezones a San Isidro, a tomar la cazadora. Cuando se venían los turnos tan lindos que antes se hacían aquí, mi esposo siempre ayudaba y a él le tocaba matar los cerdos”, nos contó doña Luz, quien dijo que nunca se volvió a casar, porque se mantuvo muy ocupada criando a sus hijos.

“A nadie le falta Dios, no puedo decir (tras la muerte de su esposo) que un día no prendí el  fuego para comer. También nos ayudó mucho un hermano de mi esposo, Daniel Carvajal”.

 

Un siglo

La primera en augurar que doña Luz viviría muchos años fue su madre, quien también moriría joven. “Ella me dijo ‘vas a vivir muchos años y vas a ser muy bendecida’ ”, remembró Güita, quien es la mayor de seis hermanos, pero de ellos solo una hermana que vive en Alajuela sigue viva con 94 años de edad.

¿Y cuál es el secreto para vivir tanto, doña Luz? – le preguntamos – y nos contestó que “yo nunca tuve vicios, comí lo que Dios nos reparaba, arrocito, frijolitos, me gusta la leche, todos los días tomo un vaso de leche agria y avena por las noches”, y dicen sus hijas que le encanta el aguacate, los bizcochos y todo lo que tenga queso, además de que ella es muy disciplinada con sus horarios de comida.

Doña Luz nos cuenta que se impresionó más cuando oyó sonar por primera vez una radio que su esposo llevó a la casa, que cuando vio por primera vez la televisión, ya que de lo segundo casi que ni se acuerda. También, en sus recuerdos ocupa un lugar especial la ocasión en que vinieron dos aviones a la Sabana y “aquello fue de locos, todo mundo bajaba para ir a ver, fue como una fiesta;  nosotros salimos a verlos en el cielo cuando pasaron. Es que eran otros tiempos, recuerdo también cuando a mi esposo le regalaron una cobija nueva y yo ya me imaginaba esa noche, estrenando y durmiendo calientica porque hacía mucho frío, y Bernardo la echó en un tanque de agua, porque le dijeron que había que mojarla por los pelos que tenía. Qué brava estaba yo ese día…”.

Ella afirma que no cambia los días de ayer por los de hoy, principalmente porque su niñez transcurrió entre fincas cogiendo guayabas y anonas; en un mundo donde procurarse el agua era un problema y no había luz eléctrica, pero donde pese a muchas circunstancias “éramos felices y había más tranquilidad y paz”. Agregó que la educación y la disciplina iban de la mano y que cuando la llevaban a la iglesia y no se portaba bien, un “pellizquito” la llamaba al orden rápidamente.

Doña Luz se dice católica y perica (liberacionista), vive en San Antonio con una hija y ahí recibe la visita de sus otros hijos, Ana María, Lucy, Teresa, Cecilia y Bernardo, y lamenta la ausencia de Juan, quien ya falleció.

Por culpa de la pandemia, doña Luz no recibió el fiestón que se merecía para celebrar esos 100 años de vida, pero ella se ve robusta, lo suficiente como para esperar a que se vaya el virus y luego tirar la casa por la ventana. Larga vida, doña Luz, y que Dios la cuide y la proteja.

 

 

Doña Luz Ávila, ella ya celebró sus 100 años de vida.

 

 

 

Doña Luz se casó con don Bernardo Carvajal, en diciembre de 1942, y se vinieron a vivir a Coronado.

 

 

 

 

 

Esta tarjeta se la envió don Bernardo hace 79 años a doña Luz, para Navidad, un año antes de contraer matrimonio.

 

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