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Amadeo Calderón se pensiona satisfecho con su labor al frente de la escuela José Ana Marín. 

Llegó hace 14 años a la dirección de la escuela José Ana Marín, en San Isidro, y asegura que la encontró “en pésimas condiciones”, pero ahora que deja su puesto dice sentirse satisfecho por lo hecho y poder haber salido avante al frente de la escuela más grande del cantón.

Amadeo Calderón asegura que cuando llegó, hace ya casi década y media, encontró una escuela en la que los servicios sanitarios se localizaban por el olor, en estado deplorable, una instalación eléctrica con cables forrados, mal de pintura, faltaba el agua, había solo dos pilas, y cuando llovía la escuela se innundaba y había que poner una fila de pupitres, para que los niños caminaran sobre ellos y poder sacarlos.

Afirma que ha sido un largo proceso de transformación. Se cambió totalmente la instalación eléctrica, la cubierta del techo, se arregló el alcantarillado y luego en la placita que había se construyó una cancha multiuso, para la cual ayudaron los agricultores de la feria. Se cambió toda la tubería de agua potable, se mejoró el problema del agua con un nuevo medidor por el sector este con entrada de una pulgada, se construyeron más pilas, se cambió el cielo raso, se pintó la escuela y se hicieron bodegas y rampas de acceso, entre otras cosas.

Amadeo recordó que no empezó trabajando en educación, sino que se graduó en el Tecnológico, en Producción Industrial, pero como siempre le interesó la parte educativa empezó a estudiar en la Universidad Nacional, primero y segundo ciclo y luego administración educativa. “Fui sacando los títulos y cuando vine aquí ya había rodado bastante. Primero en la Roberto Cantillano, en Ipís, luego estuve en la Estado de Israel y Purral; obtuve mi primera propiedad en Barra del Colorado Sur, donde solo entraba lancha y avioneta. Fue difícil, pero era la única forma de obtener una propiedad, luego pasé a Desamparados ya como director, también estuve en  Piedades de Santa Ana, La Isla de Moravia, la Manuel María Gutiérrez de San Pedro y la escuela de San Rafael, y de ahí me llevaron como supervisor a San José Centro y luego acá, donde me quedé en definitiva”.

 

Vocación

Calderón dice que el año pasado fue muy triste por la pandemia, y asegura que llegaba solo a la escuela y se sentaba en el escritorio todo el día sin escuchar nada.

“Lo que pasa es que soy de los directores que hasta los fines de semana dan vueltas por sus centros educativos, evaluando qué se puede mejorar. “Eso no es un sacrificio sino simplemente que yo tengo la creencia que para que el maestro y los alumnos den producción y se cumpla con el objetivo que se busca, es necesario estar en un ambiente sano, agradable, bonito, o sea que haya calidad de vida laboral e institucional, para que la gente se sienta contenta”.

Consultado sobre si hoy en día los educadores han perdido vocación contestó que “sí, claro, en las escuelas hay de todo, con unos me quito el sombrero como verdaderos profesionales y educadores, pero hay otros con los que hay que andar atrás para que funcionen, porque se ha perdido la mística, la vocación, se trabaja por el compromiso laboral y no porque uno quiere cambiar un país, una comunidad o una vida”.

Calderón cree que con la pandemia, “nos hemos vuelto un poco desinteresados en cumplir con los fines de la educación costarricense y resulta que ahora el padre manda el chiquito si quiere o no quiere.  

“Hay que distinguir entre educación a distancia y virtual, la primera es como trabaja la UNED, y la virtual es atendiendo y dando una clase a través del Internet. Los padres de familia creen que están trabajando virtual, pero resulta que el niño que está en la casa está en desventaja con el que está presencial, no es lo mismo”. Manifestó que para lo virtual solo deben estar los estudiantes que verdadera y definitivamente tienen un motivo por el que no pueden estar presencial. Agregó que para peor de males “con las capacitaciones que les están dando a los docentes los están saturando de un montón de tecnicismos que entran en un embudo y las gotitas que está recibiendo el niño abajo son mínimas.

“El estudiante está en estos momentos en una zona de confort, pero cuando la pandemia desaparezca costará mucho sacarlos de ahí, porque hay que acostumbrarlos siempre a que estén sintiendo la responsabilidad del estudio y el trabajo, y eso es tarea del educador y del padre de familia”.

 

El adiós

Amadeo trabajaba hasta el 31 de agosto, para retirarse luego, a sus 62 años de edad, con la pensión adelantada de la CCSS. Dice que se va agradecido con la vida por haberle dado la oportunidad de dirigir esta escuela en la que aprendió mucho y por la que hizo lo que estuvo a su alcance.

Agradece también a las juntas de educación que tuvo, sobre todo a la última, que se ha mantenido igual durante los últimos cinco años, porque dice que son personas muy comprometidas que aman también la institución.

“Lo mejor es que todo lo que hemos hecho en esta institución fue con presupuesto ordinario. A nosotros la Dirección de Infraestructura Educativa (DIE) no nos ha dado dinero;  hay un proyecto desde hace más de cinco años para modernizar esta escuela, pero al parecer eso se quedó solo en proyecto.

“Nosotros, optimizando y diversificando el presupuesto ordinario es que hemos hecho todas estas cosas, sin tocar la bolsa de los padres de familia tampoco, todo con el presupuesto que nos daban y que ahora por cierto lo recortaron como un 40%”.

Calderón, que dice desconocer quién lo sustituirá en su puesto, espera que sea una persona comprometida y que llegue a amar esta escuela tanto como él. “Me interesa mucho que la escuela siga proyectándose y avanzando. Esta es una Dirección 5, de las más grandes, tiene  muchas dimensiones y esta escuela requiere de una persona que se comprometa con mística y vocación, porque si no le va a costar acomodarse, pues aquí hay muchas aristas que uno tiene que controlar”.

Sobre él, y lo que viene ahora, dijo que tiene un proyecto de vida, más que todo en beneficio de su salud que se ha estado deteriorando poco a poco, y espera disfrutar los años que le resten de vida. “Soy un hombre feliz, y ahora que paso a una vida diferente, espero saberla llevar haciendo cosas que verdaderamente me beneficien para poder realizarme, y si la comunidad en algún momento ocupara mi ayuda, en mi campo, estamos a las órdenes, porque pienso que todavía puedo aportar mucho”.

Finalmente, expresó que “acá dejo muchos y grandes recuerdos, amigos y de infinidad de niños que pasaron por las aulas en estos 14 años, 14 graduaciones, y me voy agradecido con Dios, con la vida y con quienes  me dieron la oportunidad y me ayudaron a hacer las cosas aquí”.

 

Amadeo Calderón se despidió con mucho sentimiento de una escuela que dice aprendió a amar.

 

 

 

 

Mejores aulas, pupitres, cocina, servicios son parte de las mejoras realizadas durante la administración de Amadeo Calderón.

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