Hacen llamado para prevención del suicidio Featured

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Psiquiatras aconsejan prestar la atención adecuada a las ideas de autoeliminación y hacerse acompañar profesionalmente. 

 

Especialistas en Psiquiatría del hospital Calderón Guardia hicieron un llamado a la población para que preste atención a ciertos signos que son evidencia de posibles ideas de autoeliminación en las personas que nos rodean.

La excitativa la hicieron, este jueves 10 de setiembre, en el marco del Día Mundial para la Prevención del Suicidio, con la idea de dar a conocer señales que permitan identificar estas situaciones y evitar la pérdida de seres queridos.

La doctora Nadia Álvarez Rojas, especialista en Psiquiatría, explicó que, como medida general, las personas deben tener consciencia de la necesidad e importancia de integrar el cuidado de su salud mental dentro de sus medidas de autocuidado.

“Tal como lo hacemos habitualmente con la higiene, alimentación, ejercicio, entre otros, esto implica hacer adecuadas lecturas de nuestros estados emocionales, lograr regularlos de forma consciente, y pedir ayuda cuando no logramos hacerlo adecuadamente”, indicó Álvarez.

Esto quiere decir, de acuerdo con la profesional, que debemos notar y explorar expresiones y conductas de tipo autoagresivo en las personas cercanas, que pueden ir desde manifestaciones como “la vida no vale nada”, “quisiera acostarme y no levantarme”, hasta amenazas francas de suicidio o actos en contra de sí mismos como intoxicación con medicamentos, heridas autoinfligidas, por mencionar las más frecuentes.

En esos casos, la doctora recomienda encarar de forma directa a la persona y preguntarle si tiene deseos de morir, si ha hecho planes específicos para matarse. “Preguntar directamente no induce a la persona a hacerlo, por el contrario, le brinda la posibilidad de visibilizar este impulso y pedir ayuda”.

Como familiar, amigo o allegado de una persona que ha manifestado riesgo suicida, lo que se recomienda es alertar a su núcleo cercano y motivar a esta persona a consultar a un profesional. Si se percibe un riesgo inminente, lo mejor es acompañarlos a ser valorados en un servicio de Emergencias, es mejor no menospreciar el riesgo suicida y buscar ayuda pronto.

Consultada la doctora Álvarez Rojas manifestó que la metodología de los profesionales en esta rama de la medicina para detectar posibilidades de un suicidio es mediante interrogatorios claros sobre el riesgo suicida. “Un dato importante es que un 50% o más de los pacientes suicidas tienen una depresión no tratada, y hasta un 15 % de los pacientes en control por depresión hacen gestos o intentos suicidas”.

 

INDICADORES DE LA AUTOELIMINACIÓN

La historia de intentos previos, la tendencia a fantasear o hacerse pequeñas heridas, o incurrir en actos autodestructivos como abusar de drogas o sobremedicarse, suelen ser indicadores de riesgo suicida;  pero la única forma de evaluar adecuadamente la presencia de estas ideas y el riesgo de ejecutarlas es explorar específicamente.

Los especialistas en Psiquiatría preguntan al paciente tratado si hay deseos de morir, o de matarse, si la persona se siente en capacidad de efectuarlo, si tiene planes específicos para hacerlo (métodos), y si tiene acceso a armas o a formas de acabar con su vida.

Asimismo, dentro del proceso diagnóstico consultan qué razones le han ayudado a no hacerlo, esto en un intento de entender y descifrar el plan suicida del paciente y cómo este lo visualiza como una posible solución a sus problemas, además de las razones que la persona encuentra para seguir con vida.

Un dato interesante que ha demostrado la experiencia de los especialistas en este campo es que las personas casadas, con hijos, con red de apoyo, con trabajo, tienen menores índices de suicidio que las divorciadas, separadas de sus hijos o las desempleadas.

Álvarez Rojas llamó la atención, e indicó que no todas las personas que han contemplado el suicidio como probabilidad llegan a efectuarlo, “por lo que considerar que deben estar internados en un centro médico es estigmatizar una tendencia que es frecuente cuando las personas atraviesan por el sufrimiento”.

Lo que sí es importante es prestar la atención adecuada a estas ideas, y hacerse acompañar profesionalmente; en algunos casos, con un trastorno emocional subyacente, la medicación va a ayudar a mejorar y aliviar el sufrimiento, y tener una mejor calidad de vida.

En otros casos, más relacionados con crisis vitales, un proceso de terapia va a apoyar a la persona a entender que hay otras soluciones para aliviarse y a ir aprendiendo paralelamente a autorregular su desesperación y tomar acciones concretas para solucionar lo que le está generando malestar (problemas interpersonales, económicos, laborales, etc.).

En el momento de la crisis aguda, se da una intervención que integra medición del riesgo con la asistencia a la persona a reorganizarse emocional e intelectualmente para salir de la “zona roja”; más adelante, en un eventual seguimiento, se propone un proceso de revisión más profunda de los diversos factores que desencadenaron la crisis, con la finalidad de desarrollar estrategias para afrontarlos adecuadamente.

Trabajo conjunto

Para este tipo de abordajes ambos profesionales son un excelente complemento; los trastornos emocionales que reciben medicación por parte de un Psiquiatra y atención psicológica conjunta suelen tener mejor pronóstico.

Esto se debe justamente a que la enfermedad mental suele ser el resultado de alteraciones químicas con factores ambientales (antecedentes de trauma, relaciones problemáticas, estresores de la vida diaria, etc.). Por lo tanto, muchas veces la medicación es indispensable para la estabilización de la parte emocional del paciente.

En el contexto de la salud pública en nuestro país, la atención mental aguda está en manos de psiquiatras, pero es frecuente que, en algún punto del abordaje, se considere que la atención psicológica va a ser necesaria para resolver los factores más emocionales que inciden en la perpetuación de los síntomas.

Además, de manera conjunta ambos profesionales pueden generar estrategias específicas para el tratamiento del paciente de manera individual o grupal; esto según la especialista depende de las características individuales en cada caso, y de la disponibilidad del recurso; en algunas patologías específicas, la intervención grupal tiene mayor evidencia de efectividad, pero en términos generales, esta suele ser un complemento de la atención individual.

La doctora Álvarez Rojas dice que “una salud emocional integral es la mejor prevención, el reconocimiento personal por parte del paciente de que las crisis tienen solución, y que la búsqueda de ayuda profesional en el campo emocional no es diferente a la asistencia médica en cualquier otro plano”.

Para la especialista, “reconocer nuestro derecho a sufrir, al tiempo que desmitificamos la atención en salud mental, y asumimos nuestra responsabilidad de buscar ayuda profesional como parte de nuestro autocuidado es vital para evitar los pensamientos o acciones que puedan llevar a la autoeliminación a un paciente”.

Autor: Rita Henry Astúa/  CCSS

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